Movimiento 15-M, España: para globalizar el “No les votes”

Netwar y Movimientos antisistémicos




Es indudable que quienes mantenemos una esperanzade un mundo mejor, y estamos expectantes de un chispazo que pueda encender unamecha libertaria global, vemos con interés lo que ha venido sucediendo enEspaña a propósito de las movilizaciones populares en contra de las medidasneoliberales que han mermado importantemente reivindicaciones y derechossociales adquiridos por medio de numerosas luchas sociales, aunque en el casoeuropeo, fundamentados también desde las relaciones neocoloniales que impulsanprocesos de expoliación y acumulación sostenidos que permiten una relativaestabilidad social a lo interno de Europa: esto es, aquello que sirvió de basea los Welfare States europeos.

Hemos visto que estas movilizaciones son laexpresión de la resistencia popular de un conjunto de la sociedad,principalmente de los jóvenes, que se niegan a perder una serie de derechos socialesque tocan directamente su calidad de vida. La indignación básicamente contra la clase política y los banquerosparece un punto de convergencia entre la diversidad de la multitud que hatomado las plazas y calles españolas para plantarse ante una situación que seha apreciado como estancada y desesperanzadora. Este es el lado negativo en la dialéctica revolucionariade la destrucción-creación. Esta es la negación al status quo específicoespañol. Aquí, como suele ocurrir, se nota claridad acerca de lo que la genteno quiere, y la convergencia de voluntades es mucho más fluida.

Sin embargo, la sociedad moderna, que hainoculado y disciplinado a sus ciudadanos “libres” en torno a su proyectoliberal/colonial, ha establecido los mecanismos para normalizar los frecuentescaos sociales que se van presentando, y con mucha frecuencia en tiempos decrisis sistémica. Esto no hace sino evidenciar las profundas contradiccionesque la crisis está produciendo desde los micro-espacios en los que los sujetosse producen intersubjetivamente, hasta los macro-espacios en los cuales elcapital y la naturaleza entran en un conflicto determinante para lareproducción de la vida misma en el planeta para la especie humana. En fin, quelos mecanismos de disciplinamiento y control entran en un intenso conflicto conlos sujetos en resistencia y sus fuerzas creativas.

A la luz de esto, pensamos en el movimiento 15-Mespañol y las posteriores elecciones del 22 de Mayo, en las cuáles se diocontinuidad a la legitimidad del sistema liberal español. Es muy probable queaquellos que hayamos visto con ojos esperanzadores a este movimiento a lointerno de las sociedades europeas, hubiésemos puesto alguna esperanza, porpequeña que fuese, en que dicho movimiento pudiese desencadenar alguna sacudidaun tanto más fuerte en las estructuras del sistema político español. Desde lapuesta en marcha de la Ley Sinde eneste país, que suponía una institucionalización de la censura y del control delas redes del internet a juicio del Estado, se impulsó el movimiento #Nolesvotes, que pretendía un castigoal sistema bipartidista español.

La idea del “Noles votes” tiene muy interesantes connotaciones y se inserta en el debatefundamental referido a cómo concebimos el poder. Si lo concebimos como algoajeno a nosotros y que se aloja en una estructura que se encuentra “arriba”nuestro, entonces el acto de NO votar parece un acto “improductivo”, unadisfuncionalidad, una omisión a una solución posible que se puede alcanzarmediante otros rostros y otros colores. Pero si concebimos el poder en términosinmanentes, y asumimos que la estructura abstracta de “La Política” y elGobierno sólo son posibles por medio de la propia creación y producción de lossujetos, es decir, de nosotros, entonces el NO votar se convierte en un actoproductivo y consciente que se inscribe en una política de la deserción.El no votar no es un silencio, es una voz que dice que no pretende seguireligiendo sólo las opciones que el sistema te obliga a elegir. Pero a su vez elno votar es una voz que afirma que otra vía es posible para el ejercicio de lapolítica.

El “No lesvotes” debe ser la continuación de un proyecto de deserción, de desconexióny deslegitimación de la propia lógica del sistema en la cual los sujetos pasande transferir su poder inmanente a las figuras trascendentales de “LaPolítica”, a asumir el potencial destructivo-creativo de la participación ycreación de alternativas NO capitalistas y NO moderno/coloniales.

Hoy en día está muy generalizada en el imaginariocolectivo moderno, la crisis de los sistemas políticos liberales. Immanuel Wallersteinplantea que el liberalismo como Geocultura entra en crisis a partir de LaRevolución Mundial de 1968. El “No les votes”se inscribe en esta coyuntura, en la que los partidos políticos están enuna seria crisis de legitimidad. Sin embargo, los mecanismos dedisciplinamiento, control e inoculación sobre los sujetos, tensionan estacrisis hacia su mantenimiento como sistema imperante. Esto hace que lasituación política actual, en términos liberales, nos muestre altos niveles decontradicción, caos e incertidumbre. La crisis está ahí. No está escrita lamuerte del sistema, ni mucho menos sentenciada la dominación total de lossujetos. Son páginas en blanco esperando ser escritas.

El “No lesvotes” es un proyecto viable. Pero es una hegemonía que en términosculturales debe seguir construyéndose, y para ello debe estar acompañada de unamayor radicalidad. ¿Están dadas actualmente las condiciones? Sí y no. Tal y como se expresa en el capital financiero, el factor abstracto, imaginario y trascendental estáen crisis. Más que nunca. Pero necesita de su contraparte, que es la asunciónpopular de ese poder que debe ser reapropiado del secuestro del proyectomoderno. La movilización que se dio desde el 15-M en toda España abrió unapuerta hacia una radicalidad política productiva: eso es un logro innegable. Lapregunta que nos queda es si estamos aprestos a cruzar esa puerta. Laselecciones del pasado 22 de mayo nos arrojaron una continuación de lalegitimidad del sistema político bipartidista. De hecho, la participaciónelectoral, más que disminuir aumentó desde las últimas elecciones (del 63 al 66% en estos comicios recientes). Pero esto hay que tratar de comprenderlo más que como acontecimiento, comoproceso. ¿Hacia dónde nos conduce el movimiento 15-M? A estas alturas es una incognita. Lasrecientes elecciones mostraron casi un millón de votos en blanco y nulos, quesi fuese un partido político en contienda, sería el cuarto más votado. Unrecord histórico.

Esto puede expresar el crecimiento de unapolítica de la deserción. Pero tanto el aumento de la participación en laselecciones como el crecimiento de los votos protesta, se insertan en unasituación caótica. Es difícil preveer hacia donde apunta. Pero precisamente poresto, y por las condiciones materiales propias de la crisis sistémica en lacual vivimos, es que el “No les votes”debe ser un proyecto de deslegitimación y construcción de alternativas, imbuidopor una mayor radicalidad en el discurso y en la práctica de la producciónpolítica.
Hay que impulsar y difundir la idea de que elproyecto moderno/colonial, vehiculizado por el capitalismo y su lógicadepredadora es un proyecto inviable y que no es posible materializar laspromesas de democracia e igualdad en el marco de su lógica. Aún más, la propiareproducción de la vida es totalmente incompatible con el proyectomoderno/colonial, que nos está llevando al abismo como especie. No podemosseguir impulsando un voto protesta hacia otros partidos. Es tiempo de llevar lacrítica a su raíz y comenzar a hacer realidad una deserción del sistema departidos y de la elección de representantes para el gobierno del Estado-naciónmoderno. La clase política dirigente no va a rectificar su rumbo porque esoestructuralmente NO es posible: la presión expansiva del capital y la razón deEstado necesitan, para sobrevivir, imponer el poder trascendental y coartar elpoder popular. Son dos extremos totalmente excluyentes. En términos sistémicosNO ES POSIBLE la expansión y acumulación incesante de capital, y la existenciadel Estado-nación moderno, en el marco de una democracia popular real.

En pocas palabras: más que decir que no somosantisistemas, sino que el sistema es antinosotros, proponemos afirmar que somosantisistémicos precisamente porque el sistema capitalista, sobre todo elactual, el de la globalización neoliberal, es antinosotros: esto, como lo hemossostenido en numerosas ocasiones, es la expresión de la Cuarta Guerra Mundial,la guerra hiperdesplegada de control biopolítico contra la propia humanidad paragarantizar la acumulación neoliberal.

Si el movimiento 15-M ha sido un avance, o bienno ha logrado nada en términos inmediatos, eso no debe detener el proyecto del “No les votes”. Debemos profundizar lacrítica que esta propuesta trae consigo, y globalizarla. Que lo ocurrido enEspaña se expanda por toda Europa y así, por toda la geografía del mundo. Unaglobalización de la política de la deserción. Y que el sistema liberal/colonialimplosione por la propia asunción del poder inmanente de los pueblos. La Democracia real Ya, no puede ser sólouna exigencia a una élite dirigente. Deber ser un ejercicio en el Aquí y en elAhora del poder de la gente, que finalmente sostiene y produce este sistema enel que vivimos.

Netwar y Movimientos antisistémicos

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