Luchas y retos en la Argelia de hoy: entrevista con Idir Achour, sindicalista argelino

Entrevista con Idir Achour, sindicalista argelino
Luchas y retos en la Argelia de hoy
En paralelo con Túnez y Egipto hubo movimientos bastante fuertes en Argelia. El aumento de los precios y el congelamiento de los salarios, así como el desempleo tan elevado, llevaron a revueltas nacionales.
ENTREVISTA: CNT-F 
Desinformémonos
Idir Achour, sindicalista argelino, señala que después de la Primavera Negra, surgieron realmente los sindicatos autónomos en Argelia, aunque “sólo en la función pública, pues el sindicalismo está prohibido en el sector llamado económico”.
Recuento histórico. Situación social y política de Argelia
Argelia. Desde la independencia en 1962 Argelia se construyó institucionalmente bajo el modelo francés jacobino. Hasta finales de los años ochenta, el país vivió bajo el régimen del sistema único: partido, sindicato, asociaciones de mujeres o de jóvenes. Todo es único.
Durante los periodos de Houari Boumedienne y Chadli Bendjedid, los oponentes vivían en la clandestinidad, fueran islamistas, identitarios berberistas o militantes de izquierda (en particular los grupos comunistas revolucionarios (GCR), o el partido de vanguardia socialista (PAGS).
Estos militantes privilegiaron una lógica de infiltración en las estructuras únicas, como la Unión General de los Trabajadores de Argelia (UGTA), desde un punto de vista sindicalista. Argelia vive de la renta del petroleo, con el desarrollo de una burguesía, pero sin libertad de expresión.
Con la llegada de Chadli Bendjedid inició la liberalización de la economía y la “especialización”, es decir, la privatización de los servicios públicos y el desarrollo de la autonomía de las empresas públicas, con el objetivo de preparar más tarde su privatización.
La crisis petrolera de 1986 tuvo como consecuencia un aumento sin precedentes de la deuda exterior; una crisis financiera muy violenta, y el paro de las importaciones. Hasta entonces la renta petrolera permitía a Argelia importar en masa; al final de los años ochenta se da un verdadero viraje: con la renta petrolera apenas se paga la deuda exterior, como consecuencia empezó el racionamiento alimentario, incluyendo los productos de primera necesidad. Con esto, las primeras grandes protestas comenzaron, especialmente de los estudiantes.
Paralelamente, el movimiento islamista se desarrolló a mediados de los años ochenta, particularmente en las regiones de Orán y Constantino. Por último, el movimiento bereber (el cual ya había llevado a cabo los primeros motines en 1962) se vuelve más grande, especialmente con el surgimiento del Movimiento Cultural Bereber (MCB), y conduce el 20 de abril de 1980 la Primavera bereber en Tizi Ouzou y Bejaia en particular. Este día la cuestión bereber se da a conocer.
Estos eventos puntuales llevaron a las jornadas de octubre de 1980, una explosión social sin precedentes, que nos puede recordar las revueltas recientes de Túnez o de Egipto. Después de varios días de motines y de cientos de muertes el poder tuvo que conceder una reforma de la constitución y sobre todo la libertad de organización.
La realidad de la “apertura democrática”
En 1988 se abre un periodo de “diarrea verbal”, con la creación de una decena de partidos políticos y de asociaciones. Pero esto no duró. En las elecciones legislativas de diciembre de 1991, el FIS (islamistas) casi obtuvo la mayoría de votos y los militares interrumpieron el proceso electoral desde principios de enero de 1992. El presidente Chadli dimitió y un Alto Comité del Estado (HCE) se estableció para “llenar el vacío constitucional”. Así que Argelia entra en una década de guerra civil. El país se divide en dos: los militares (que tomaron el poder) contra los islamistas, los erradicadores contra los conciliadores. Por lo tanto, no hay una tercera opción posible.
La ilustración de esta situación se demuestra con el asesinato del entonces presidente Mohamed Boudiaf en 1992, en plena reunión, cuando había vuelto del exilio para tomar las riendas del HCE.
Económicamente, el periodo es muy difícil. Al declarar la suspención del pago, Argelia debe renegociar su deuda con el FMI y el Banco Mundial. Es entonces cuando se establecen los planes de ajuste estructurales: privatización, cierre de empresas públicas, apertura a las importaciones y a las empresas extranjeras, congelamiento de salarios. Una política acompañada por el sindicato único UGTA a través del “pacto social” bipartito entre el Estado y el Sindicato.
La lucha durante esta década
En Cabilia, el año universitario de 1994 a 1995 fue boicoteado para que la lengua bereber fuera reconocida, lo cual logro cambios sobre la cuestión bereber. Además se dieron algunas experiencias de sindicatos autónomos, provenientes del UGTA al principio. Fue el caso del sindicato de pilotos, el primero en construirse, aunque ahora entró en el sistema. El único sindicato que luchaba realmente era el CNES (maestros de escuelas universitarias) que mantuvo una huelga de seis meses en 1996 y logró imponer negociaciones. Un término tomado por la lucha, puesto que el gobernador prefirió hablar de “diálogo” y se negó a utilizar el término “negociación”.
Fin de la “guerra civil” y cambio de la situación social y sindical
Todo se desbloqueó en 2001 con la Primavera Negra de Cabilia. Todo comenzó más o menos como sucedió recientemente en Túnez: el 18 de abril, unos días antes del 20 de abril, fecha del aniversario de la primavera bereber de 1980, el preparatoriano Massinissa Guermah fue asesinado en los locales de la policía de Beni Douala en la Gran Cabilia. El 23 de abril, Cabilia y especialmente sus jóvenes se enfurecieron. Durante más de dos meses, comités populares tomaron el poder de las municipalidades; comités de vigilancia se organizaron en contra de las brigadas policíacas. El 14 de junio una gran marcha converge hacia Argel, con miles de personas. La represión se hace extremadamente violenta. La situación continúa esporádicamente entre motines, violencias cometidas por las fuerzas de orden, arrestos masivos, hasta la pacificación relativa en octubre 2003, cuando un nuevo primer ministro concede algunas reivindicaciones al movimiento. Hubo alrededor de 126 muertos “los mártires de la primavera negra” y miles de heridos (cientos de discapacitados de por vida).
Un momento crucial
Después de la Primavera Negra, surgen realmente los sindicatos autónomos. Hay que precisar que esto sucede sólo en la función pública, pues el sindicalismo está prohibido (aún hoy en día) en el sector llamado económico.
Los primeros sindicatos autónomos aparecen en los gremios de salud y educación, especialmente en torno a la asociación de maestros sin estatus, es decir, contractual. Esta asociación rápidamente se vuelve el sindicato CLA (Consejo de Preparatorias de Argel). A finales de 2003, el boicot de los exámenes de fin de año fue organizado, pero el terremoto mortífero que sufrió nuestro país nos forzó a aplazar la huelga para comienzos de clases, en 2004. Durante este tiempo, en el verano de 2003, se creó un sindicato en las secundarias, la CNAPEST.
En 2004 estos dos sindicatos lanzaron cuatro huelgas, una de ellas de tres meses, la cual permitió obtener un aumento de salarios de 50 por ciento, a pesar de que los huelguistas fueron llevados a los tribunales para que dejaran de luchar.
Después, en 2006, nació un intersindical de la educación, en el contexto de la “reforma” de la educación. Luego, en 2007, esta intersindical se amplió a todos los sindicatos autónomos de la función pública. En cuanto al CLA, éste se volvió un sindicato nacional, convirtiendose en el Consejo de Preparatorias de Argelia. Sin embargo, se tuvo que esperar hasta 2008 para que una parte de estos sindicatos fuera reconocida oficialmente, que por cierto, todavía no es el caso del CLA.
De hecho, en 2011 decidimos hacer de nuevo los trámites para obtener el reconocimiento. Hasta el día de hoy, a pesar de los trámites administrativos, el Estado todavía no nos ha dado el consentimiento, y hace uso de todos los argumentos jurídicos para no darnos una repuesta clara. De cualquier manera esto no nos impide luchar, como lo prueba la huelga de octubre de 2011 en la educación.
A todo esto, hay que añadir también que el Estado suscita divisiones en los sindicatos autónomos. Compra algunos activistas, les ofrece incluso puestos ministeriales o de consejeros para que creen sindicatos clones, con el mismo nombre que el sindicato autónomo, pero bajo las ordenes del poder. Es el caso del SNAPAP, del CNAPEST, del CNES que viven esta situación.
Situación actual. Argelia se mueve
En paralelo con Túnez y Egipto hubo movimientos bastante fuertes en Argelia. El aumento de los precios y el congelamiento de los salarios, así como el desempleo tan elevado, llevaron a revueltas nacionales. El gobierno tuvo que retractarse de sus decisiones (sobre todo sobre los precios de productos de primera necesidad) y tomar algunas medidas, lo cual puso fin a las revueltas.
A partir de esto, tratamos de organizar el movimiento de protesta, pero fue muy difícil, incluso fue una estrategia errónea, puesto que desde la década de la guerra civil y dada la corrupción generalizada, la población no tiene confianza en las organizaciones ni en sus representantes.
Una coalición fue creada y trató de hacer algunas manifestaciones, las del 19 y 26 de febrero de 2011, para tratar de hacer lo mismo que se hizo en Egipto y en Túnez. Falló, pero no marcó el final de las movilizaciones; de hecho, el movimiento global se transformó en focos de lucha local en torno a problemas específicos como el acceso al agua o a la electricidad, el estado de los caminos.
No debe olvidarse el movimiento de los desempleados, el cual se desarrolló en todo en el sur de Argelia, particularmente en contra de las nuevas agencias de empleo de subcontratación. Si a una agencia le pagan mil euros para buscar un asalariado, ésta le paga 500 euros al empleado, y de esta manera se hace de un beneficio de 500 euros.
También, a principios de año, se llevó a cabo una huelga muy larga en el sector de salud, que terminó con una victoria a pesar de las amenazas del Estado de despedir a los trabajadores. Así que luchas, e incluso victorias hay muchas, pero esto sigue siendo local o gremial, sin que lleguemos a coordinarnos, a pesar de nuestras tentativas como sindicatos autónomos.
Sobre las orientaciones sindicales del CLA
El CLA rechaza toda integración en los órganos de gestión (incluyendo obras sociales), así como personas en puestos permanentes. Aunque sea más difícil es la única manera de evitar todo tipo de burocratización, todo tipo de recuperación y clientelismo sindical. Hemos pedido el reconocimiento como sindicato para beneficiarnos de los derechos sindicales mínimos, para poner carteles, para circular en los planteles, lo cual no podemos hacer hoy en día. Por otro lado, aunque hayamos creado un sindicato gremial (sobre todo porque las uniones de sindicato están prohibidas), y que defendemos nuestras profesiones, tratamos de desarrollar el máximo de vínculos posibles con otras estructuras sindicales o asociativas para unificar nuestras luchas sociales. Es difícil, puesto que hay muchas prohibiciones del Estado (como la sindicalización fuera de la función pública), y mucha desconfianza de la población. Pero nos construimos a través de las luchas y nuestro activismo ejemplar.


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