David Harvey y la Geografía del capitalismo: urbanismo, modernidad y desigualdad

David Harvey y la Geografía del capitalismo: urbanismo, modernidad y desigualdad
Emiliano Teran Mantovani
Para Netwar y Movimientos antisistémicos
Immanuel Wallerstein dice que: …una ECONOMÍA-MUN­DO debe ser necesariamente capitalista, y que el capitalismo só­lo puede existir dentro del marco de una economía-mundo. Por ende, el sistema-mundo moderno es una economía-mun­do capitalista[1]. Esta afirmación remite implícitamente al carácter inherentemente expansivo del capital y por ende del moderno sistema-mundo capitalista. En su progresión histórica, ha ido articulando en torno a su modelo, todos los espacios geográficos del mundo hasta amalgamarlo en un sistema globalizado como el que conocemos en la actualidad. Sobre esta idea rondan los análisis de David Harvey, el cual ha reivindicado la variable espacio, cuando en los análisis capitalistas se le ha dado un énfasis a la variable tiempo. De ahí que denomine a su análisis “materialismo histórico-geográfico”.
Ahora bien, el despliegue expansivo del capital, implica una transformación del espacio geográfico en torno al proceso de modernización, que entendido desde la perspectiva postcolonialista, es un proceso colonial (la modernidad-colonial)[2]. La modernización del espacio geográfico, implica pues para Harvey un largo proceso de “urbanización” espacial[3]: hay una estrecha relación entre los ajustes espacio-temporales de capital y la creación de las ciudades modernas, que Wallerstein inscribe en lo que denomina la “desruralización” del mundo[4]. Para Harvey se trata de una reubicación de excedentes de capital, que modifican sustancialmente los espacios geográficos, y por ende estilos de vida y los sujetos ubicados en él.
Harvey historiza la confección y diseño de las ciudades modernas, en las cuáles muestra cómo uno de los factores fundamentales de su reestructuración es la necesidad de reinvertir un excedente de capital dado por sobreacumulación en un lugar determinado. Es esta una contradicción propia del capital, que para mantener la tasa media de ganancia capitalista necesita trasladar capitales excedentes, que son susceptibles a la devaluación a nuevas inversiones. Y son las inversiones en infraestructura e inmobiliarias una de las que mayor colaboran en este proceso, con la consiguiente transformación de la dinámica de la vida citadina. Para Harvey el ejemplo emblemático es la Paris del mediados del siglo XIX, la cual en primer lugar se reestructuró en una escala mucho mayor tanto respecto a la que tenía anteriormente, como a la que se había diseñado preliminarmente; y en segundo lugar, esta reestructuración se dio acorde a las necesidades de ajustar el inmenso excedente de capital que se había producido en Europa y Francia a mediados del siglo XIX, y que implicaban escalas arquitectónicas proporcionales a este excedente[5].
De ahí que los proyectos de infraestructura son canales de ajuste que presionan a nuevos procesos de expansión. Por otro lado, los diseños espaciales en torno al capital y la modernidad, tienen como elemento transversal la preservación del status quo en el lugar específico: de esta forma se estableció una arquitectura para el control político. En las reestructuraciones del ordenamiento espacial urbano, se producía la expulsión de buena parte de la clase obrera del centro de la ciudad, donde constituían una amenaza al orden público y al poder establecido, así como se establecieron sistemas y dispositivos de seguridad para dominar elementos subversivos[6]. Aquí la arquitectura y el control social burgués van de la mano como nunca.
Harvey es claro al explicar que la modernización del espacio, “aburguesando” la estructura citadina, no resuelve el problema de la desigualdad social establecida en ella, pues la expansión del capital es un proceso dinámico que transforma y traslada el valor, y siembra las contradicciones sociales, que si bien pueden resolverse momentáneamente, estas tarde o temprano vuelven a replicarse en nuevas formas. La modernización de lugares en precariedad estructural desplaza a los sujetos que antes residían en ellos, y que ahora ya no pueden cubrir los costos de la revalorización del espacio. De esta manera, estos sujetos pasan a crear nuevos lugares precarios periféricos. Harvey cita a Engels para aclarar de mejor forma esto:
“No importa qué diferentes puedan ser las razones, el resultado siempre es el mismo; los escandalosos callejones y callejuelas desaparecen acompañados por las generosas autoalabanzas de la burguesía que explican el tremendo éxito cosechado, pero reaparecen de nuevo inmediatamente en algún otro sitio […] La misma necesidad económica que los produjo en una primera ubicación, los reproduce en otro lugar”[7].
En la lucha por el espacio en las ciudades, se verifica más fuertemente la lucha de clases. Y a pesar de las críticas que ha recibido la idea de la “lucha de clases” como motor de la historia, debido a que da primacía a los factores económicos en el análisis del conflicto social, la progresiva intensificación de las divisiones espaciales que objetivan muy claramente las divisiones de clase, marcan de manera muy concreta el problema de una lucha entre ricos y pobres.
La tendencia histórica hacia una crisis sistémica de reproducción del capital es la que sostiene la progresiva intensificación de las divisiones espaciales urbanas. Las contradicciones materiales en los lugares del sistema-mundo, en mundo interconectado como nunca antes, profundizan las tensiones y conflictos en los espacios y sus configuraciones. La crisis estructural de ajuste del capital, que consigue en el neoliberalismo su mecanismo salvador, propone un incremento de las formas de acumulación por desposesión[8]que recrudecen los dispositivos de demarcación territorial.
Harvey, pensando en las condiciones de la globalización, se pregunta: ¿cómo es el mecanismo de estabilización del capitalismo en la actualidad?[9]Las formas de ajuste se encuentran mucho más integradas al capital financiero. De esta forma la reproducción de infraestructura depende de nuevos dispositivos financieros, y estos a su vez son impulsados en buena parte por los sectores inmobiliarios. Se establece una fuerte relación entre estos factores que presionan a una desposesión del espacio en la forma del capitalismo neoliberal.
Cuando el mantenimiento de la tasa de ganancia media capitalista y el proceso de acumulación entra en una crisis geográfica y por ende histórica, los mecanismos de desposesión se agudizan. Esto implica que el “derecho a la ciudad”, la propia calidad de vida urbana se ha convertido en una mercancía, así como la ciudad misma. En la globalización neoliberal, a medida que las condiciones en las ciudades empeoran, se comienza a establecer una defensa territorial en torno a la propiedad. Harvey hace referencia al caso de las asociaciones de propietarios de California, en el cual la gente parece organizarse reciamente en defensa de su propiedad-territorio, siendo “bastiones de la reacción política, sino de fascismos fragmentados a escala de barrio[10]. Un caso similar notamos en el este de Caracas, Venezuela, en el cual aparece más agudamente el problema de la fortificación de las propiedades, como forma de distinciones de clase. Claro está, que en Caracas las contradicciones son mucho más notorias, por lo tanto las divisiones espaciales son mucho más complejas.
A los factores de clase que Harvey hace mención, nosotros queremos agregar los factores raciales, que en la globalización neoliberal son más notorios debido al inmenso crecimiento demográfico, las grandes migraciones poblacionales motorizadas por la histórica desigualdad geográfica de la modernidad[11], que a su vez son posibles gracias a la multiplicación de medios de transporte que facilitan la movilidad de las personas (que aunque están mercantilizadas están disponibles en mayor número), y la consiguiente redefinición espacial que supone una profunda feudalización territorial en algunas partes del mundo. El proceso de modernización de los espacios produce una “depuración” que tiene no sólo un criterio de clase, sino de raza. A esto se le ha llamado contemporáneamente la Gentrificación. Los excedentes de capital se destinan al aburguesamiento de un lugar, que remodela, estiliza y elitiza la infraestructura específica, la cual se revaloriza y pasa a ser impagable para las clases desposeídas. Se crea un cercamiento burgués, y se establece una especie de feudalización del espacio, generando una división racial del espacio con divisiones de raza y de clase, en la que se notan “fragmentos fortificados, comunidades valladas y espacios públicos privatizados sometidos a constante vigilancia[12]. Es “la expropiación en nombre de la mejora y la renovación cívicas[13], la acumulación por desposesión fundamentada en el propio proyecto civilizatorio colonial de la modernidad. Más allá de estos fortines, los desplazados inauguran los nuevos sectores marginados, los nuevos guetos. Esto ocurre en todo el mundo, y en Venezuela lo podemos notar de manera importante en el municipio Chacao de Caracas, en donde desde los años 80 se ha dado un proceso neoliberal de revalorización de los terrenos y de remodelamiento urbano (gentrificación), apuntando hacia la modernización en infraestructura, la elitización social y la depuración espacial de sujetos no aptos para el nuevo estilo de vida de clase alta-media/alta del municipio.
Se trata de una privatización de los espacios que aparentemente son públicos. Y los instrumentos financieros de hipotecas se unen a los dispositivos de desposesión y desplazamientos de aquellos que no puedan rendir cuentas de los créditos basados en las burbujas financieras de especulación.
La especulación financiera también toca los valores de los suelos urbanos. Los proyectos de inversión y macro-inversión de excedentes de capital en los espacios geográficos, ponen en la mira determinados terrenos para el cumplimiento de dichos proyectos. Esto lo revaloriza a partir de la producción de precios ficticios, basados no sólo en la especulación, sino en todo el estilo de vida que se vende y que viene aparejado con la venta de los nuevos y modernos espacios urbanos; toda una ideología burguesa del estilo de vida. Al cobrar mayor valor los terrenos, se hace imperioso desalojar a los pobres que allí residen.
Si bien, la transferencia de propiedad se puede hacer mediante estos mecanismos más sutiles de desposesión de las viviendas y/o territorios de los trabajadores humildes, las diversas formas de violencia se aplican como la contraimagen de los proyectos urbanos, en contra de cualquier factor o grupo de personas que se opongan al mismo. Harvey cita como ejemplo el caso de Seul durante la década de los 90’s, en donde
las empresas de construcción y los promotores inmobiliarios contrataron escuadras de matones con complexión de luchadores de sumo para invadir los barrios de las colinas de la ciudad, que no sólo demolieron y destrozaron las viviendas sino también todas las pertenencias de aquellos que habían construido sus propias casas durante la década de 1950 en terrenos que se habían convertido ahora en suelo de gran valor”[14].
Este caso se reproduce globalmente y conforma el lado violento y velado del proceso de acumulación por desposesión. Esto aplica no sólo para los procesos de urbanización sino de toda la instalación de la infraestructura vial y de comunicación neoliberal, que pasa por múltiples espacios rurales donde existen grandes reservorios naturales y grupos indígenas milenarios residentes. En estos casos la violencia se hace presente, como en el caso de la Sierra de Perijá, en el Estado Zulia, Venezuela, y en múltiples territorios a lo largo y ancho de América Latina[15].
Las luchas en la actual globalización capitalista suponen una defensa del territorio. Las organizaciones sociales y políticas como los movimientos de pobladores, habitantes, la Vía Urbana, comités de tierras urbanas, los movimientos “occupy”, dejarán de ser movimientos focalizados, y crecerán en proporción al despojo territorial urbano del neoliberalismo. Necesario es contrarrestar y resistir a la arremetida neoliberal de desposesión y reconfiguración geográfica que pretende feudalizar el espacio, fomentando la formación de guetos, en una estructura geopolítica que tiende hacia un apartheid global.
BIBLIOGRAFÍA
– HARVEY,  David. Urbanismo y desigualdad social. Siglo Veintiuno Editores. Madrid, 1977.
– HARVEY, David. El derecho a la ciudad. Universidad de Buenos Aires. FADU. en: http://www.fadu.uba.ar/mail/difusion_extension/090522_bol.pdf. [Consultado: 6/06/2011].
­­­- HARVEY, David. Una geografía urbana posible. Conferencia de David Harvey en Buenos Aires, en el marco del 2º Encuentro “El pensamiento urbano”, celebrado en el Centro Cultural San Martín el 30 de agosto de 2006. Sociología Crítica. En: http://dedona.wordpress.com/2010/03/19/una-geografia-urbana-posible-david-harvey/. [Consultado: 6/06/2011].
– MIGNOLO, Walter. «La colonialidad a lo largo y ancho: el hemisferio occidental en el horizonte colonial de la modernidad», en LANDER, Edgardo (editor): La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Ediciones FACES/UCV. Caracas, 2000.
– QUIJANO, Aníbal. «Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina» en La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Ediciones Faces/Ucv. Caracas, 2000.
– WALLERSTEIN, Immanuel. Análisis de sistemas-mundo. Siglo Veintiuno Editores. México, 2005.
– WALLERSTEIN, Immanuel. La reestructuraciòn capitalista y el sistema-mundo.  Conferencia magistral en el XX° Congreso de la Asociaciòn Latinoamericana de Sociología, México, 2 al 6 de octubre de 1995, en http://fbc.binghamton.edu/iwlameri.htm. 1997.


[1] WALLERSTEIN, Immanuel. Análisis de sistemas-mundo.
[2] Véase Quijano, Anibal. «Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina». Y MIGNOLO, Walter. «La colonialidad a lo largo y ancho: el hemisferio occidental en el horizonte colonial de la modernidad», en La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Ediciones Faces/Ucv. Caracas, 2000.
[3] HARVEY, David. «El urbanismo y la ciudad. Un ensayo interpretativo», en Urbanismo y desigualdad social. pp. 205-297.
[4] WALLERSTEIN, Immanuel. La reestructuraciòn capitalista y el sistema-mundo.
[5] HARVEY, David. El derecho a la ciudad.
[6] Op.Cit.
[7] Op.Cit. p.33
[8] Véase HARVEY, David. El Nuevo Imperialismo. Cap. IV: «acumulación por desposesión». Op.Cit. pp.111-140.
[9] HARVEY, David. Una geografía urbana posible.
[10] HARVEY, David. El derecho a la ciudad. p.32.
[11] La proyección espacial de la División Racial del Trabajo es la División Internacional del Trabajo, base de la desigualdad geográfica de la Economía-mundo capitalista.
[12] Ibíd.
[13] Ibíd. p.33.
[14] Op.Cit. p.34.
[15] El plan IIRSA es el proyecto que motoriza esta instalación de infraestructura en los territorios aun “desconectados” del mercado mundial. Lo que nos presentan como una propuesta de integración regional, no es más que un mecanismo de articulación para facilitar la circulación de mercancías y consumidores en la globalización neoliberal.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s