México: La reforma energética, tras el petróleo “no convencional”

La reforma energética, tras el petróleo “no convencional”
Que Estados Unidos llegue al pico de su producción de petróleo convencional puede provocar un colapso catastrófico a su economía, si no cuenta con los suficientes hidrocarburos que permitan una reconversión energética para su parque vehicular y a su producción.
SANTIAGO NAVARRO
Desinformémonos
 “El pico del petróleo no es lo mismo que quedarse sin petróleo. Lo que significa es sencillamente alcanzar el techo, y a continuación, entrar en un declive terminal de la producción de petróleo tal y como determinan los factores básicamente geológicos y tecnológicos”
Bellamy Foster, 2011
México. Los inversionistas estadunidenses están ansiosos porque se imponga la reforma energética en México, pues Estados Unidos alcanzó ya el pico máximo de su producción de petróleo convencional y necesita asegurar otras fuentes de hidrocarburos, sin importar que sean tan ecológicamente desastrosas como el fracking, la inyección de agua y químicos al subsuelo.
El presidente de México, Enrique Peña Nieto, presentó recientemente una iniciativa de ley para la Reforma [1] Energética, en la que plantea un reajuste a la legislación que permita una mayor inversión tanto pública como privada, para posibilitar la incursión en la explotación de yacimientos más complejos, como el de petróleo no convencional. Esta iniciativa toma como parámetro los 9 mil 100 permisos de perforación que otorgó Estados Unidos a 170 empresas en yacimientos de petróleo y gas de lutitas (shale), en contraste con los tres yacimientos que han sido explotados en México.
México ocupa el cuarto lugar en reservas mundiales de gas shale, con 680 billones de pies cúbicos, tan sólo después de China, Estados Unidos y Argentina, según estimaciones de la Agencia de Información Energética (EIA), que depende del Departamento de Energía estadounidense. Se trata de un potencial que, de acuerdo con la reforma energética, tiene que ser explotado.
El gas shale se obtiene de la explotación del esquisto, una roca sedimentaria formada a partir de depósitos de lodo, cieno, arcilla y materia orgánica. Las dos técnicas utilizadas para la extracción de este gas son la fractura hidráulica – fracking– y la perforación horizontal. Estas técnicas generaron una gran alarma sobre el peligro medioambiental, derivado de la utilización de millones de pies cúbicos de agua con una mezcla de químicos. Una investigación que realizó el Tyndall Centre [2] sostiene que los impactos ambientales afectan tanto a los mantos acuíferos subterráneos como a los superficiales, pero también se tiene un impacto en la salud. En particular, 17 de estos químicos han sido clasificados como tóxicos para organismos acuáticos, 38 son tóxicos agudos, ocho son cancerígenos probados y otras seis están bajo sospecha de serlo, siete son elementos mutagénicos, y cinco producen efectos sobre la reproducción.
Desde hace tiempo, los Estados Unidos se muestran preocupados por haber llegado al pico de la producción del petróleo convencional. Por razones políticas y económicas exageran las reservas probadas, ya que esto implica que se agudice la crisis económica que permea al sistema de producción capitalista en su conjunto, pues con solo con el 4 por ciento de la población mundial, Estados Unidos consume el 25 por ciento de la producción energética mundial. Dos tercios de esta demanda de petróleo son consumidos en forma de gasolina y gasóleo, para los automóviles y los camiones. Por tanto, el pico de la producción de petróleo convencional puede provocar un colapso catastrófico a la economía estadounidense, si no cuenta con los suficientes hidrocarburos que permitan una reconversión energética a su parque vehicular y a sus encadenamientos de producción.
La intervención en Irak y el incremento de la presencia militar en Medio Oriente son justificadas por Alan Greenspan –ex presidente de la Junta de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED)- en su libro La era de la turbulencia: “El último cuarto de siglo requerirá entre una cuarta parte y dos quintas partes mas petróleo que el que hoy en día se utiliza”. Hablar del fin del petróleo barato para Estados Unidos lo posiciona en una situación de alerta máxima, pues desde la administración Bush se adoptó una postura más agresiva en el control de la producción mundial de hidrocarburos, de biocombustibles y en una nueva oleada de ocupación y saqueo que va tras el gas shale. En ese mismo sentido, la oficina de Responsabilidad del Gobierno estadounidense (GAO), en un informe que publicó en 2007, sostuvo que “la incertidumbre sobre el abastecimiento futuro del petróleo hace que sea importante desarrollar una estrategia para ocuparse del pico y el declive de la producción de los hidrocarburos”.
México está considerado dentro de esta estrategia, pues desde el sexenio de Felipe Calderón, Greenspan [3] sostuvo que era necesario que el país abriera su sector energético al capital extranjero, o de lo contrario podría estallar una crisis fiscal. Varios especialistas, como John Saxe Fernández, catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), refutaron la posición de Greenspan. Saxe Fernández aseguró que Petróleos Mexicanos (PEMEX) genera suficientes recursos para desarrollar las actividades de exploración y perforación, no sólo en aguas profundas sino en la plataforma continental y en aguas someras: “Sólo entre 1990 y 2004, PEMEX generó ganancias por 347 mil millones de dólares. El problema es que la Secretaría de Hacienda, sometida a los lineamientos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM), entes próximos al señor Greenspan, impulsan un brutal ataque a la empresa de PEMEX” explica Saxe Fernández. El académico menciona que el ataque fue de “255 mil millones de dólares, es decir, se le cobraron impuestos sobre las utilidades generadas a la empresa del ciento por ciento, más 8 mil millones de dólares, creando un déficit que se tiene que cubrir con deuda”.
Es inusitado el caso de PEMEX, pues British Petroleum pagó, en el año 2004, 34 por ciento de sus utilidades, 24 mil 700 millones de dólares. En ese mismo año, PEMEX generó utilidades por 40 mil millones de dólares, pero hacienda le cobró 42 mil millones en impuestos. Saxe reafirma que los lineamientos que se siguen buscan llevar a la empresa a un punto de venta.
Estas pueden ser las condiciones para justificar las leyes que permitan la apertura de sectores estratégicos al capital transnacional, como parte de los programas de ajuste estructural (PAE) dictados por el  BM, FMI y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ejecutados desde la Secretaría de Hacienda y que respaldan la intervención del capital transnacional. Estos lineamientos son movidos por la fiebre del petróleo no convencional, las áreas estratégicas que pueden generar energías limpias, la producción a gran escala de productos transgenicos para alimentos y biocombustibles, la educación y la salud, entre otros sectores.
Joseph Stiglitz, ganador del Premio Nóbel en Economía y ex vicepresidente del Banco Mundial, informa que los PAE [4] tienen cuatro pasos: laprivatización, en la que el gobierno vende empresas e instituciones públicas a inversionistas privados; la liberalización de los mercados de capital, cuando se reducen los controles sobre la entrada y salida de dinero del país y, para atraer inversionistas, se aumentan las tasas de interés; laintroducción de precios de mercado, cuando el gobierno deja que suban los precios de los alimentos básicos, el agua y la energía; y el comercio libre, que significa la eliminación de las barreras (impuestos y aranceles) a los productos extranjeros que protegen a productores e industrias locales.
Es así como la reforma energética, junto con la reforma educativa, la fiscal y financiera, se constituye en el centro de gravedad de las nuevas perspectivas de desarrollo y crecimiento económico promovidas por Peña Nieto para México.
No obstante, según la consulta nacional que realizó la Alianza Cívica [5], más del 83 por ciento [6] de los mexicanos se opone tajantemente a que se modifique la Constitución para permitir la inversión privada en la explotación y transformación de petróleo y gas en México, pues esto provocaría un impacto directo sobre más de 80 millones de pobres [7] en México, considerando que el 40 por ciento del gasto público del país se financia con ingresos de PEMEX y se destina, en teoría, a educación, salud, infraestructura, seguridad y programas sociales. Un impacto inmediato se reflejará en el aumento del costo de la canasta básica, el factor principal del aumento de la pobreza en México. De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la pobreza patrimonial se define como la insuficiencia del ingreso disponible para adquirir la canasta básica de alimentos.
Estas perspectivas de crecimiento y desarrollo económico no llaman mucho la atención de los mexicanos, pues durante varias semanas, miles de profesores de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE) se han movilizado en el norte, centro y sur de México, exigiendo que se derogue la recién aprobada reforma educativa sugerida por la Organización y Cooperación para el Desarrollo Económico (OCDE), la cual tiene tendencias privatizadoras. Esto ha sido el detonante de una efervescencia del descontento social contra el actual presidente de México, Enrique Peña Nieto, y sus reformas estructurales.
Los docentes radicalizaron sus acciones y movilizaciones, generando un aumento de sus contingentes con diversos sindicatos, organizaciones civiles y sociedad civil de diferentes sectores en todo el país, quienes también han mostrado su descontento hacia la reforma energética. Mientras tanto, la respuesta del Estado ha sido la contención [8] de las protestas sociales con equipo donado por Estados [9] Unidos en el marco de la Iniciativa Mérida -para la lucha contra el crimen organizado. Un equipo que no dudaran en usar si se sale de control el descontento social en México, pues es evidente que un desborde de más movilizaciones está latente.
Notas



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