Articulación del descontento o el "Chavismo Rebelde"

Articulación del descontento o el “Chavismo Rebelde”
Por: Nicmer Evans
Aporrea
Así como la “derecha endógena” se reacomodó después de la muerte del Comandante Chávez, viendo al fin su gran oportunidad para ser lo que realmente son, articularse con la “derecha histérica”: esa misma que de conspiración y golpismo ha vivido durante 11 años, generando una fuerza que en suma está logrando desequilibrar la balanza, produciendo mucha incertidumbre en algunos sectores estratégicos de poder dentro del gobierno del camarada Maduro, no tengo ninguna duda que, aunque con una velocidad distinta, el reacomodó de las fuerzas que viven el descontento por los errores que se comenten desde el Gobierno de Maduro, están muy claros que con la derecha “ni un tantito así”, y que si algo aprendieron del Presidente Chávez es que la organización y la unidad los hace invencibles, por lo que han iniciado su articulación en el marco de una fuerza inédita que de alguna manera podría terminar siendo la esperanza de “una revolución dentro de la revolución”.

Pero para comprender lo que sucede, debemos partir de la precisión de algunos conceptos, que muy convenientemente algunos manejan no para liberar conciencias, sino para pretender manipularlas, y de como el chavismo rebelde se apropia de ellos más allá de “la línea”.


1. La “unidad” desde lo social ciertamente parte de un hecho físico, es hacerse uno, y comprender que cualquier contradicción del “uno” o del órgano compuesto, debe resolverse a lo interno del mismo, así se nos ha dicho de manera permanente, pero la condición que había permanecido en el tiempo es que eso podía ser así cuando había “una cabeza” rectora del cuido y mantenimiento “del órgano” que garantizaba la unidad, se dependía de ella. Al no estar la cabeza, el órgano, si tiene la capacidad auto reproductora de espacios de conducción y empezará a generar una nueva estructura, o aprenderá del error de la dependencia y multiplicará espacios de conducción para no correr el riesgo anterior, pero si dentro del mismo órgano se genera resistencia ante la posibilidad de la diversificación o democratización de la conducción, se irá a un conflicto que tiene como destino final el reacomodo de las fuerzas, todas resistiendo a la división.

2. La “lealtad”, o el compromiso de hacer lo que se había ofrecido aún a pesar de que las circunstancias hayan variado, no por ello niega la búsqueda de la mejores condiciones para el cumplimiento de la palabra, y además no deja de ser una condición recíproca, nadie podrá ser leal a otro si éste niega la lealtad, afecta sus condiciones de viabilidad y simplemente la desprecia. En el caso del chavismo, el dilema de la lealtad girá en torno a quién ser leal. Algunos argumentan que el compromiso era con Chávez y ahora es con su legado, su pensamiento y sus acciones, otros afirman que la lealtad en el chavismo es con quién el delegó su aspiración de garantizar la unidad: con Maduro, lo cierto es que así como la “unidad” requiere de unas condiciones de flexibilidad y conciencia de posibles y necesarios reacomodos para su mantenimiento, la lealtad necesita ser bidireccional. ¿Quién traiciona o quién es más leal: el pueblo que no confía en sus conductores, o los conductores que no confían en su pueblo?

3. “Mandar obedeciendo”, una expresión zapatista, que caló en el discurso del Presidente Chávez tiene dos acepciones, una que tiene un cierto sesgo de representatividad, y que complejiza el espíritu inicial de la frase, anteponiendo a un representante que aunque sujeto a un mando popular, no deja de ser un intermediario, y la otra acepción, más próxima a la realidad política de una representatividad en crisis pero que tiende a no desaparecer, sino, a reacomodarse, impone la idea de la supresión de la autonomía del “gobernante” y su absoluta dependencia de lo que dictaminen las mayorías, el riesgo está cuando las mayorías no son consultadas y se habla en nombre de ellas.


El descontento actual, que nadie puede negar al menos que sea un miserable pomagás del proceso, además de ser evidencia de una crisis a lo interno del chavismo, cuya máxima expresión cuantitativa se puede percibir en el resultado del 14 de abril y en las candidaturas paralelas del chavismo, aún cuando la “dirigencia” no quiera aceptar que son chavistas y los “excluya” dentro de una revolución “incluyente”, y que también se percibe cualitativamente en las últimas concentraciones y movilizaciones donde la pregunta generalizada es ¿A dónde vamos?, se puede transformar en una gran oportunidad para dar el salto adelante de una revolución dentro de la revolución, que permita, con el pueblo, con las bases, en consulta permanente, retomar el rumbo que a veces se siente desorientado.

Sin embargo, lo anterior no podrá ser una acción espontánea, así como no lo es la alianza de la derecha endógena con la derecha histérica, por lo que la organización será fundamental, y para ello me permito parafrasear al Vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello, cuando al responder sobre su postura en cuanto a los candidatos paralelos el dijo algo así como: Cuando Miquilena controlaba el MVR, nosotros resistimos desde adentro, no nos fuimos, y aunque sabíamos que pasaba, aquí estamos hoy, y él ya no está”. Invito a que le tomemos la palabra.



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